COLONIA, Alemania (AP) — En todo el mundo, los conductores miran los números en la bomba de gasolina y reconsideran sus hábitos y finanzas.

Caminar, andar en bicicleta, usar el transporte público o ir sin auto son opciones para los afortunados. Pero para los operadores de minibuses en Filipinas o un artista gráfico en California con clientes para visitar, no es tan simple.

Aquellos que no tienen acceso a un transporte público adecuado o que no pueden renunciar a su automóvil no tienen otra opción que apretar los dientes y pagar.

Los precios de la energía impulsados por la guerra de Rusia en Ucrania y el repunte global de la pandemia de COVID-19 son un factor clave de la inflación que está aumentando en todo el mundo.