INDEPENDENCE, Missouri, EE.UU. (AP) — Rodolfo Castro no recuerda cuántos años tenía cuando vio a Albert Pujols por primera vez, ni las circunstancias exactas en que ello ocurrió. Tal vez fue en algún juego de las Grandes Ligas o durante una de las visitas del famoso toletero con fines caritativos a su natal República Dominicana.

Lo que sí tiene claro Castro es cómo se sintió. Como un niño maravillado que conocía a su héroe.

“Sé que yo era un niño pequeño”, recordó Castro, quien tiene actualmente 23 años y es pelotero de cuadro de los Piratas de Pittsburgh. “Y yo era muy tímido. Me daba pena acercármele, porque conocía lo grande que era y lo que representaba”.

Fue apenas el año pasado, después de que Castro firmó con los Piratas y trepó por la complicada escalera de las menores, que supo cuán infundados eran sus temores. Los Piratas enfrentaban a los Dodgers y Castro había recibido una base por bolas en la quinta entrada.

“Pujols estaba en primera”, recordó. “Y simplemente charlamos brevemente. Me dio una cálida bienvenida a las mayores y me felicitó. Y al día siguiente, en esa misma serie, durante la práctica de bateo, pude acercármele y sólo le dije que era un placer conocerlo y que era un gran honor jugar con él en el mismo terreno. Fue muy amable conmigo y me alentó a seguir jugando”.

Al entrar en cualquier clubhouse de las mayores, siempre será posible encontrarse con alguien que puede compartir una historia similar sobre Pujols: Alguna risa compartida en la práctica de bateo, algún encuentro casual en el receso entre campañas, alguna oportunidad de trabajar con él en la comunidad.

Todos comparten gustosos sus historias, sobre todo en momentos en que el astro está a cinco jonrones de llegar a los 700 en su carrera.

La mayoría de las anécdotas tienen que ver con la forma en que Pujols inspiró a toda una generación de beisbolistas, particularmente latinos, quienes lo vieron ascender desde sus raíces humildes en República Dominicana hasta convertirse en una figura de este deporte.

“Fue algo muy especial, principalmente porque fue inesperado”, dijo el dominicano Castro sobre su encuentro con Pujols en agosto de 2021. “Yo tenía muchos sentimientos encontrados, estaba muy nervioso por conocerlo, pero fue algo especial algo que no olvidaré”.

Antes del éxito y de los contratos por millones de dólares, Pujols tiene una historia de privaciones económicas.

Se crio principalmente con su abuela, así como con varias tías y tíos en Santo Domingo. Recuerda con frecuencia que tenía un guante improvisado a partir de una caja. Y cualquier fruta que estuviera disponible servía como pelota para practicar el deporte que terminó amando.

Pujols terminó emigrando con su familia a Nueva York en 1996. Se mudó a Independence, un suburbio de Kansas City, donde Dave Fry, su coach de la secundaria en Fort Osage, lo consideró alguna vez “un regalo de los dioses del béisbol”.

Nada de lo que ha hecho durante las dos décadas siguientes ha podido persuadir a alguien de lo contrario.

Pujols jugó algún tiempo por el Maple Woods Community College antes de que San Luis lo reclutara en el draft —ante la desazón de los fanáticos de los Reales, quienes lamentan todavía que el pelotero 11 veces elegido al Juego de Estrellas y quien creció muy cerca del Kauffman Stadium terminara ganando dos Series Mundiales con los Cardenales, los acérrimos adversarios del estado de Missouri.

En el camino, Pujols mostró a los peloteros latinos de la extracción más humilde que era posible ser alguien.

“Pujols es alguien a quien no sólo yo, sino todo mi país, admiramos mucho. Lo respetamos profundamente”, dijo Oneil Cruz, campocorto de los Piratas, quien tiene 23 años y creció en el pequeño poblado dominicano de Nizao. “Algo que he admirado mucho de Pujols es que alcanza las metas que se fija. Como un joven pelotero, eso significa mucho para mí, porque me muestra que yo soy capaz de hacer eso”.

Para sorpresa de muchos, Pujols lo sigue haciendo.

Después de ser nombrado tres veces el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional, conquistar seis Bates de Plata y obtener dos Guantes de Oro, parecía que el tiempo había alcanzado finalmente al pelotero de 42 años.

La década que pasó jugando por los Angelinos de Los Ángeles fue una continuación más bien discreta de los 12 años sobresalientes en los que militó en San Luis. Muchos creían que la estadía con los Dodgers, que culminó el año pasado con un viaje a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, sería una forma adecuada de marcharse al retiro.

Pero Pujols tenía otros planes. Quería volver a San Luis, donde los fanáticos lo seguían amando. Su objetivo era reencontrarse con el pitcher veterano Adam Wainwright y con el cátcher boricua Yadier Molina, para una última campaña juntos.

Ahora lideran la División Central de la Liga Nacional, al inicio del último mes de la campaña regular.

Pujols ha desempeñado un papel protagónico en esto. Batea para .242 con 16 vuelacercas y 43 impulsadas tras el encuentro del jueves ante Washington. Está a cinco bambinazos de unirse a Barry Bonds, Hank Aaron y Babe Ruth en el exclusivo club de peloteros con 700 o más en su carrera.

“Me alegra que esté saludable y que haga lo que sabe hacer”, dijo Molina en el clubhouse, donde los televisores mostraban un debate de MLB Network sobre si si Pujols es el mejor pelotero de este siglo.

Sobre el hito de los 700 jonrones, Molina consideró: “Sería especial para todos los que estamos aquí. Espero que pueda lograrlo”.

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Steve Megrgee, Jason Young y Mark Schmetzer, contribuyeron con este despacho para la AP: