RÍO DE JANEIRO (AP) — Más de 120 millones de brasileños votaban el domingo en unas polarizadas elecciones que podrían decidir si el país devuelve a un izquierdista al timón o si la cuarta democracia más grande del mundo mantiene en el cargo a su mandatario de ultraderecha durante cuatro años más.

El duelo, que comenzó con la apertura de urnas a las 8:00 de la mañana de Brasilia, enfrentaba al actual presidente, Jair Bolsonaro, contra su némesis política, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Había otros nueve candidatos, pero su apoyo estaba muy por detrás de los de Bolsonaro y Lula.

Los sondeos de opinión recientes daban a Lula una amplia ventaja. La última encuesta de Datafolha publicada el sábado mostraba que el 50% de los consultados que pensaban votar a un candidato dijeron que optarían por Lula, frente al 36% de Bolsonaro. La firma entrevistó a 12,800 personas, con un margen de error de más menos dos puntos porcentuales.

Agatha de Carvalho, de 24 años, llegó al centro de votación en Rocinha, un barrio de clase trabajadora en Rio de Janeiro, antes de que abriera, con la esperanza de votar antes de ir al trabajo, pero se encontró con que unas 100 personas ya estaban en fila. Dijo que votaría por Lula porque Bolsonaro “es terrible”.

“Mucha gente murió por culpa de él, durante la pandemia. Si él no hubiera hecho lo que hizo, algunas de esas muertes se podrían haber evitado”, expresó.

El mandato de Bolsonaro se ha distinguido por su retórica provocadora, su presión sobre instituciones democráticas, su criticada gestión de la pandemia del COVID-19 y la peor deforestación en la selva amazónica en 15 años.

Pero el mandatario ha formado una base de fieles con su defensa de los valores familiares tradicionales, su rechazo a la corrección política y presentándose como un protector de la nación ante políticas de izquierdas que erosionan la libertad personal y provocan inestabilidad económica.

También en Rocinha, Manuel Pintoadinho, un trabajador metalúrgico de 65 años, dijo que votó por Bolsonaro y rechazó que el mandatario tenga la culpa por los problemas económicos.

“La pandemia lo arruinó todo, la inflación está por las nubes, eso no es culpa de él”, declaró Pintoadinho.

La lenta recuperación económica aún no ha llegado a los pobres y 33 millones de brasileños pasan hambre pese al aumento de las prestaciones sociales. Como varios de sus vecinos latinoamericanos que lidian con una alta inflación y un gran número de personas excluidas del empleo formal, Brasil estudia un giro a la izquierda.

Gustavo Petro en Colombia, Gabriel Boric en Chile y Pedro Castillo en Perú son algunos de los líderes izquierdistas que han asumido el poder hace poco en la región.

Hay una posibilidad de que Lula gane en primera ronda, sin necesidad de disputar un balotaje el 30 de octubre. Para que eso ocurra necesitaría más del 50% de los votos válidos, que excluyen los votos en blanco o estropeados. Brasil tiene más de 150 millones de posibles votantes y votar es obligatorio, pero la tasa de abstención puede llegar al 20%.

Una victoria clara aumentaría la expectación sobre cómo reacciona el presidente al conteo, ya que ha cuestionado de forma reiterada la fiabilidad no sólo de los sondeos, sino de las máquinas de voto electrónico. Los analistas temen que haya sentado las bases para rechazar los resultados. En un momento dado, Bolsonaro afirmó tener pruebas de fraude, pero nunca presentó ninguna, ni siquiera después de que la autoridad electoral le marcara un plazo límite para hacerlo. El 18 de septiembre dijo que si no ganaba en primera ronda, algo debía ser “anómalo”.

Los dos favoritos tienen grupos fundamentales de apoyo: los evangélicos y hombres blancos para Bolsonaro, y las mujeres, minorías y pobres para Lula.

Lula, de 76 años, votará en el estado de Sao Paulo, donde fue obrero metalúrgico y líder sindical. Salió de la pobreza para llegar a la presidencia y se le reconoce la creación de un gran programa de prestaciones sociales durante su mandato entre 2003 y 2010 que ayudó a llevar a decenas de millones de personas a la clase media.

Pero también se le recuerda por la implicación de su gobierno en amplios escándalos de corrupción que involucraban a políticos y ejecutivos de empresas.

Las propias condenas de Lula por corrupción y lavado de dinero le supusieron 19 meses de prisión, que le dejaron fuera de la campaña presidencial de 2018 que según los sondeos lideraba frente a Bolsonaro. La Corte Suprema anuló más tarde la condena de Lula con el argumento de que el juez no había sido imparcial y conspiró con la fiscalía.

Bolsonaro, que votará en Río de Janeiro, creció en una familia humilde antes de entrar en el ejército. Más tarde entró en política tras ser expulsado del ejército por su presión explícita para que se subiera el salario de los militares. Durante sus siete legislaturas como parlamentario minoritario en la cámara baja del Congreso expresó a menudo su nostalgia por las dos décadas de dictadura militar en el país.

Sus gestos a las fuerzas armadas han causado preocupaciones de que su posible rechazo de los resultados electorales puedan contar con el apoyo de oficiales de alto rango.

Normalmente, el papel de los militares en las elecciones se limita a transportar máquinas de voto a comunidades aisladas y reforzar la seguridad en zonas violentas. Pero Bolsonaro sugirió este año que el ejército debería hacer un conteo paralelo de los votos.

Aunque la idea no se concretó, el Ministerio de Defensa dijo que comprobaría los resultados de 380 centros de votación en Brasil. Cualquier ciudadano o entidad puede hacer lo mismo, consultando un conteo disponible en cada centro de votación tras el cierre de las urnas y en internet.

Como el voto se hace de forma electrónica, los resultados preliminares suelen estar disponibles en cuestión de minutos, y los resultados finales unas pocas horas después. Este año, todos los centros de votación cerrarán a las 17:00 de Brasilia, independientemente de las zonas horarias en las que se encuentren.